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GLORIOSA RESURRECCIÓN DEJA TENDIDOS A LOS PERICOS

Imagen: Axel Petlacalco

Pericos de Puebla llegó al tercer juego con la misión de evitar la barrida. Sabían que enfrente tenían a un Águila de Veracruz en plan grande, que en dos juegos les había marcado 13 carreras y solo había permitido tres. Era una misión difícil, pero no imposible, sin embargo, a veces, el beisbol también tiene memoria… y corazón.

 

Los poblanos comenzaron con fuerza, en la parte alta de la segunda entrada, un sencillo de Yojhan Quevedo trajo a Miguel Aparicio al plato, poco después, Miguel Guzmán impulsó otra más con un rodado. Antes de que terminara la entrada, Lorenzo Cedrola remolcó a Quevedo y el 3-0 silenció momentáneamente al Estadio Beto Ávila.

 

Pero en casa manda El Glorioso, y su respuesta llegó pronto. En la baja de la tercera, Herlis Rodríguez encendió la chispa con un cuadrangular solitario que despertó a la afición. Aunque Juan Santana volvió a alejar a Pericos con un jonrón en la cuarta, el juego no estaba ni cerca de estar decidido.

 

Con el juego pendiendo de un hilo, llegamos al séptimo episodio, Pericos tuvo una oportunidad inmejorable para poner tierra de por medio y perfilarse a su primera victoria de la campaña, al tener la casa llena, no obstante, Ramón Rosso se fajó en la lomita de las responsabilidades y salió ileso del ataque emplumado. En la parte baja de este mismo capítulo, el Águila también llenó las colchonetas y Pedro Martínez produjo la segunda carrera para Veracruz con un elevado de sacrificio. El marcador se apretaba: 4-2. La emoción crecía, el estadio se mantenía de pie… y lo mejor estaba por venir.

 

La novena entrada fue de infarto. Con corredores en primera y tercera, Nomar Mazara conectó un sencillo al jardín central que trajo a Sócrates Brito al plato. Sí, el mismo que fue nombrado MVP en el juego 1. Luego, un rodado de Juan Uriarte permitió que Carlos Santiago pusiera la del empate. El rugido del estadio fue ensordecedor. El Águila lo había hecho: había empatado el juego en el último suspiro.

 

El duelo no podía terminar ahí, el destino de la serie se definiría en extra innings. A ganar o morir para Pericos, el ambiente era eléctrico, la tensión se podía cortar con el bat… y el puerto entero contenía la respiración.

 

La décima entrada fue el cierre perfecto de esta historia. Pericos, golpeados anímicamente, se fueron en orden: tres outs sin respuesta, y Veracruz, con la emoción a flor de piel, empezó su turno con una base por bolas. Solarte siguió con un sencillo que puso a Herlis Rodríguez en posición de anotar.

 

Y entonces, apareció el hombre del momento: el Filósofo del Diamante, Sócrates Brito, quien con temple y precisión, conectó un extra base que dejó tendidos en el terreno a los Pericos. La locura se desató. El Glorioso lo hizo de nuevo.

 

Alegría, fiesta y esperanza inundaron el puerto jarocho. Veracruz no solo barrió a Pericos, también mandó un mensaje: este equipo está listo para grandes cosas. Mientras tanto, Puebla se va con el corazón dolido, sabiendo que luchó pero no le alcanzó.

 

Sin mucho tiempo para lamentos, la Novena Verde buscará levantar el vuelo el próximo martes ante su afición, cuando reciba a los Piratas de Campeche.

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